Las denominadas balanzas fiscales se han convertido en el principal argumento de los nacionalistas para justificar la insolidaridad y el desapego hacia el resto de los españoles.¿Qué pensariamos si nos encontrásemos en una situación como esta?
Desde ayer somos nacionalistas del cuarto. Les cuento. Con el nortazo que hubo ayer, salió volando un calcetín del tendedero, uno de los de rayas. No es especialmente bonito, pero ya que tenía su par, bajé a casa de la portera a recogerlo antes de que pasara a formar parte del conjunto de objetos huérfanos y desamparados que tapizaban el patio de luces.
Conchi, la portera, tan atenta como siempre, poco menos que me obligó a compartir su temible café. El mismísimo Ben Johnson lo hubiese considerado sustancia dopante. Tras despellejar a unas cuantas vecinas, descarnar al tendero y charlar de lo divino y de lo humano, acabamos hablando de sus hijos.
Para mi asombro, me dijo que Pedrito, el mayor de los tres, actualmente estaba cobrando el paro tras estar dos años trabajando y a Pepito, el segundo de ellos, la declaración de renta del año pasado le había salido a devolver, cuando en la nómina únicamente le había retenido un ocho por cien en concepto de IRPF. No sé si fue producto de ese café del que era imposible salir indemne, pero un calor incendiario me recorrió el cuerpo, desde la uña del dedo gordo del pie, hasta el último folículo piloso del cuero cabelludo. Yo, que en la última declaración de renta había tenido que ingresar al Estado mil ciento veinticuatro euros y que me habían retenido no menos del dieciocho por cien durante el todo el año... ¿cómo podía ser que yo tuviera que compartir el mismo hospital público que esta gente si yo pagaba más? ¿Por qué debía compartir el mismo colegio público mi Manolito (Manelet ahora en las aulas) con su Conchitina (Concepció ahora en el cole) si yo pagaba más?
Hablé con el vecino del tercero, que es el presidente de la comunidad y de números sabe un rato. La verdad es que entre su cuidadísima prosa, su facundia, su verborrea y la luz del flexo que se reflejaba en su alopécico cráneo, parecía un ser celestial con su correspondiente halo. Me explicó que debido a la progresividad de nuestro sistema fiscal, el que más dinero gana, más dinero paga. Me explicó también, que ese dinero que se recauda a los que más cobran, normalmente va destinado a las personas que por una razón u otra, están más desprotegidos y necesitan cobrar subsidios o prestaciones por desempleo. Resumiendo, me vino a decir que si todo el mundo recibiese en función de lo que aporta, los impuestos no tendrían ningún sentido y caeríamos en el absurdo económico. También, y eso no lo entendí demasiado bien, me comentó que las regiones o territorios ni pagan ni dejan de pagar, que los que pagan son los ciudadanos y empresas residentes en esas demarcaciones, es decir las personas físicas o jurídicas allí censadas.
Cuando empezaba a hablarme de solidaridad interterritorial o algo así, yo ya estaba ausente, había desconectado del mundo terrenal cegada por la ira. Sin duda ese sujeto debía ser un enviado del diablo, un ángel caído o como poco, un votante de derechas. ¡Yo, que siempre he sido progre! ¿Por qué tengo que subsidiar al vagazo de Pedrito (Peret ahora en la oficina del S.O.I.B)? ¿Y al parásito mediocre de Pepito (Pepet ahora en su trabajo), que es incapaz de cobrar más de mil euros al mes y encima le devuelven en la declaración?
Subí devorando los escalones para hablar con mis vecinos del cuarto. Sabía por la indiscreta boca de Conchi, que ellos tenían buen poder adquisitivo, gente de posibles, según sus propias palabras. Él era un pisaverde aburguesado y ella, Camen (Carme ahora en la escalera), había accedido recientemente a una plaza de la administración pública y vivía casi pidiendo disculpas por no ser de aquí. Efectivamente, tras contrastar opiniones, coincidimos en que debíamos pedir urgentemente nuestras balanzas fiscales personales al señor Ministro del Dinero. Balanzas fiscales para comparar y justificar que, al pagar más, debíamos ir a un hospital público mejor que el de los hijos de Conchi (ella seguía siendo Conchi), que nuestros vástagos debían ir a un colegio público mejor que el de los hijos de Conchi y que las carreteras por las que circulamos, debían ser mejores que las carreteras por las que circulan los hijos de Conchi. Aun perteneciendo a la misma comunidad de vecinos. Aun siendo progre y presuntamente solidaria. Faltaría más.
sidarta dijo
Muy buen argumentado, añadiré que mi esposa que gana mas que yo por jubilación, pues ella cotizo en el "régimen General", yo por desgracia en el de "autonomos", me quiere obligar a comer en la cocina de lo que le ha obrado de su menú y yo le digo porque no quita la paga que le da a nuestro hijo para que cubra sus gastos. Esta claro que esta forma de pensar no se da ni entre los animales.2008-04-17 09:38:34
Anonimo dijo
Bé, que es publiquin les balances fiscals (sense manipulacions), i després ja opinarem, no?2008-04-17 19:46:56
Anonimo dijo
Bien explicado.El debate de las balanzas fiscales es absurdo. ¿O es que a mí se me retienen más en nómina me van a dar un hospital mejor que a otro? Es un cuento chino e insolidario.2008-04-18 08:30:43
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